Competencias del docente del siglo XXI
La sociedad del conocimiento y la era digital ha cambiado y está transformando el modo de proceder en el ámbito educativo. Desde finales del siglo XX, se centra en el paradigma constructivista, en su perspectiva sociocultural, lo que implica cambios educativos que no pueden limitarse a innovaciones metodológicas o incorporación de recursos, sino que requieren una transformación en torno al paradigma enfocado en el ser competentes a nivel procedimental, actitudinal y cognoscitivo, con el fin de adecuarse a las demandas de una sociedad cada vez más cambiante y líquida (Bauman, 2003).
En esta línea, el reto de la educación para el docente del siglo XXI es enfatizar el aprendizaje activo y participativo del sujeto, adquiriendo las herramientas competenciales necesarias para integrarse en una sociedad que demanda individuos creativos y autorrealizables. Ante ello, se potencia un enfoque innovador, con el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), pero siempre en un ambiente cooperativo de trabajo de toda la comunidad educativa, donde el alumnado sea el que construye el conocimiento, involucrándose de forma significativa, cognitiva y emocionalmente (Johnson y Johnson, 2018). En sí, alcanzar al máximo la significatividad del aprendizaje, mediante acciones protagonizadas por el alumnado para atender su desarrollo integral.
Nuevas funciones del docente ante el auge de las TIC
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El profesor debe actuar con un nuevo rol docente, como un guía o mediador que facilite el aprendizaje a
sus alumnos, aportándoles los conocimientos básicos necesarios para que puedan
entender las lecciones más amplias que encontrarán en Internet.
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El profesor debe promover ejercicios prácticos que permitan a los
alumnos aplicar lo aprendido. Para ello, lo más apropiado es plantear problemas que obliguen a los alumnos a
buscar, seleccionar y procesar la información adecuada, potenciando la
variedad metodológica de aprendizaje.
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El profesor también debe aportar ayuda
pedagógica a los estudiantes, ofreciéndoles los métodos y recursos
necesarios para dar respuesta a sus intereses, motivaciones y capacidades.
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El docente tiene que favorecer un ambiente
agradable de trabajo, en el que tenga lugar la espontaneidad de los alumnos
y su interés por aprender. Para ello, es necesario favorecer las aportaciones y
sugerencias de los estudiantes, generando una comunidad educativa implicada.
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En cuanto al sistema de evaluación, el docente en su nuevo rol
debe hacer un seguimiento continuo y personalizado de cada alumno,
evaluando el progreso individual.
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